martes, 3 de noviembre de 2015

¿Qué ver en Vilnius en 2 días?


Vistas del centro de Vilnius
Vilnius (o Vilna, ya que Vilnius es la pronunciación en lituano) es la capital de Lituania. Es una ciudad mediana, apenas supera el medio millón de habitantes, mucho más pequeña que muchas capitales europeas, incluida su vecina Riga. Pero a pesar de su tamaño, sin duda Vilnius merece ser visitada, por sus numerosos monumentos, y perderse por sus callejuelas. Porqué Vilnius tiene uno de los centros históricos más grandes de la Europa del Este, impregnado de edificios de estilo barroco de colores pastel con tejados rojizos.

Al atractivo turístico de la ciudad, que sin duda volvería a repetir la vista, debo sumar que también guardo buenos y divertidos recuerdos de nuestra visita, como no podía ser de otra manera.

Para no salirnos de la tónica del viaje, llegamos a Vilnius sin alojamiento alguno, a lo que hay que añadir que llegamos bastante tarde, debería ser entre las 8 y las 9 de la tarde, y comenzaba a oscurecer. Nos dirigimos a un albergue que nos indicaba la guía que llevábamos, una Lonely Planet de las 3 repúblicas bálticas, en su edición en inglés. El albergue en cuestión resultó estar al completo. Pero al recepcionista le caímos en gracia (debería ser por la camiseta del Barça que llevaba puesta uno de mis amigos), y decidió echarnos una mano para encontrar alojamiento. Nos dió una dirección cercana, y nos dijo que se trataba de un alojamiento tipo albergue, aunque no encontraríamos letrero ninguno. Nosotros, confiados, nos dirigimos a la dirección. El entorno era algo lúgubre, un barrio de edificios soviéticos de hormigón, algo deteriorados. La dirección correspondía a uno de esos edificios. Al entrar, encontramos un mostrador, totalmente vacío, pero en unos segundos apareció por allí una mujer, de unos 50 años, algo subidita de peso, y con un aspecto algo desaliñado (por decirlo de una manera fina). La mujer no sabía ni una palabra en inglés, así que mediante señas, le dijimos que éramos 5 personas, y queríamos alojarnos durante 3 noches. Para “registrarnos”, nos pidió los pasaportes, y no nos los devolvió. No sé por qué, no lo encontramos tan extraño … ahora ni se me ocurriría dejar el pasaporte sin asegurarme que me lo devuelven. Una vez le pagamos la primera noche, nos dió las llaves de las habitaciones, si no me equivoco, en la segunda planta del edificio. Nos dirigimos hacia las escaleras, que estaban en el centro del edificio, y a cada uno de los dos lados había unos pasillos bastante largos, donde se distribuían las habitaciones. A medida que fuimos subiendo las escaleras la luz se volvía más tenue. En la planta donde estaba nuestra habitación, apenas había luz en la parte de la escalera, y los dos pasillos aparecían casi a oscuras. Parecían pasillos de la película del resplandor, pero a oscuras, y algo más sucios, incluso en uno de ellos habían dejado abandonado un retrete. Fuimos para las habitaciones, que eran dos contiguas, con tres camas cada una de ellas. Al entrar en las habitaciones continuó la película de terror en que se estaba convirtiendo esa noche. Eran habitaciones con las paredes decoradas con un papel que ya les hubiese gustado tener a los de Cuéntame, y con trozos despegados de la pared. Las ventanas no tenían cortinas, aunque eso no era mucha molestia, por la poca luz que iluminaba el exterior. Las camas, apenas una estructura de tablas con un edredón de un color gris desgastado. Una de las habitaciones disponía de baño (aunque sin ducha), aunque lo último que apetecía era sentarse en ese retrete … :(.

Apetitoso aseo de la habitación
En el techo había alarmas antihumo, pero descubrimos que no funcionaban, porque estaban totalmente descolgadas, y no había conexión alguna. El mal rollo fue a más, así que finalmente decidimos meternos los cinco en la misma habitación para pasar la noche. El único y gran acierto de la noche, fue que disponíamos de una botella de vodka, y muchas ganas de risa. En resumen, aunque el lugar era para llorar o salir corriendo, pero nosotros pasamos una de las noches más divertidas, y haciendo cachondeo del sitio. Finalmente para dormir, tiramos mantas al suelo, y dormimos sin tocar esos edredones, fue más cómodo e higiénico dormir en nuestros propios sacos.

Durmiendo en esa maravillosa habitación
A la mañana siguiente, el cachondeo duraba, y más cuando nos dispusimos a ducharnos. La ducha estaba en el otro pasillo, y por los comentarios de los compañeros (yo ya no me atreví ni a ir), la suciedad campaba a sus anchas por la ducha.

A veces ducharse puede ser peor que no hacerlo
Para desayunar, habíamos comprado unos zumos y algo de pan con embutido. En la habitación que no habíamos dormido había un frigorífico, donde pusimos los zumos. Pues bien, repartir el zumo fue imposible, porque la nevera funcionaba tan mal que había congelado el zumo. Teníamos una especie de granizado de melocotón para desayunar, jejejeje. Aunque fue una noche muy divertida, decidimos recogerlo todo y hablar con la “recepcionista”. Cuando bajamos, encontramos en el mostrador a otra mujer diferente, pero que tampoco sabía inglés. Como pudimos, le explicamos que teníamos que irnos, y que nos devolviese los pasaportes. No puso muchos problemas, no creo que fuésemos los únicos que se fueron después de una primera y única noche. El siguiente paso fue buscar un nuevo alojamiento, y nos dirigimos a otro albergue de vimos anunciado por una calle. Esta vez sí que escogimos un buen lugar para dormir, un albergue en condiciones. Una vez nos instalamos, nos dispusimos a comenzar nuestro recorrido por la ciudad. Así que dejando de lado nuestro comienzo, os explico nuestra travesía por la capital lituana.

Como hace bastante del viaje, fue el año 2005, he basado la ruta a partir de los sitios que visitamos, y he intentado unirlos con la ruta más corta a pie. No es lo que hicimos nosotros, dimos algunas vueltas de más, aunque no se hizo largo, porque callejear por el centro de Vilnius es un placer.

Para iniciar la ruta, visitamos la Antigua Sinagoga, en el antiguo barrio judío de Vilnius. El barrio se convirtió en Guetto durante la ocupación nazi, dividido en dos zonas, el Pequeño y el Gran Guetto. Por el exterior la sinagoga no es gran cosa, y más si se compara con el resto de edificios del centro, pero la trágica historia acompaña al lugar. 

Antigua Sinagoga
Placa con el mapa del Gran y el Pequeño Guetto 
Des de allí bajamos por la calle Rûdninku, en dirección al Antiguo ayuntamiento. Pero justo antes de llegar, unos chillidos que provenían de un árbol llamó nuestra atención. Se trataba de un gato que había subido, y que no era capaz de bajar. Los dependientes de las tiendas cercanas, miraban al animal con pena. Pero finalmente uno de mis amigos, que conoce bien a los gatos, se atrevió a subir al árbol con una escalera que nos dejaron de una tienda (cabe decir que era un árbol pequeño, no llegaría a 3 metros de altura), y finalmente pudo coger al gato y bajarlo.
Gato en el árbol
Rescate exitoso del gatito
Dejando atrás esta otra anécdota, nos dirigimos hasta el Antiguo Ayuntamiento (Vilnius rotusé), un edificio de estilo neoclásico de color blanco y gris,del siglo XVIII, que no sólo ha sido utilizado como ayuntamiento, también ha sido teatro y museo de arte. Actualmente se utiliza para diversas celebraciones de la ciudad. 

Antiguo Ayuntamiento
Bajando por la calle Didzioji y siguiendo por la calle Pilies, pasamos por detrás de la iglesia de San Juan, pero ésta la visitaremos luego. Continuamos bajando por la calle Pilies y disfrutando de los edificios, hasta llegar a la Plaza de la Catedral. Allí se encuentra la Catedral de San Estanislao y San Ledislao, se trata de un edificio neoclásico de color blanco, que recuerda a algunos templos griegos y romanos por la presencia de columnas en la fachada. Fue construida a finales del siglo XVIII, en el mismo lugar donde estaba ubicada la antigua catedral, después de ser destruida en diversas ocasiones. Su interior también es de un blanco impoluto, y en sus paredes cuelgan algunos cuadros y frescos, y destaca la capilla de San Casimiro, cubierta de mármol gris y negro. Sorprende que en la época soviética fuese utilizada como galería. El campanario de la catedral merece un comentario a parte, porque precisamente así es cómo está ubicada, separada de la catedral por unos metros. De color blanco, a juego con la catedral, se trata de una antigua torre de defensa que estaba ubicada en las murallas de la ciudad, y que fue aprovechada para construir el campanario añadiéndole algunas plantas. Entre la catedral y el campanario hay una loseta mágica, desde donde se iniciaba la cadena humana que unió las tres capitales de las repúblicas bálticas en 1989, como acto de protesta en favor de la independencia de estos tres países. La historia dice que si te colocas sobre la loseta y das vueltas sobre ti mismo, se pueden conseguir los deseos y sueños que quieras. En la misma plaza, también se encuentra la estatua de Gediminas, gobernante del Gran Ducado de Lituania,y que convirtió a Lituania en un imperio, y fundó la ciudad. 

Interior de la Catedral de Vilnius
Des de la misma Plaza de la Catedral se inicia el sendero de la próxima parada, el Castillo de Vilnius, ubicado en un montículo entre el río Neris, el río Vilnia y la catedral. Del castillo, apenas quedan cuatro paredes en pie, y debidamente restauradas. Pero dos elementos destacan en este sitio, las murallas, que sirven de balcón para tener una visión espectacular de 360º de la ciudad, y la torre de Gediminas, un símbolo para la ciudad. Es la parte mejor conservada, y actualmente acoge un museo. Por lo que he podido leer últimamente, se puede subir a la colina de dos maneras, a pie y también existe un funicular que te lleva hasta la cima. Yo no recuerdo que hubiese funicular cuando viajé hasta allí, pero de todos modos creo que es más agradable subir caminando. 

Deshacemos de nuevo el camino hasta la Plaza de la Catedral, y cogiendo por la calle Universiteto, en pocos metros nos encontramos con el Palacio Presidencial, que es la residencia oficial del Presidente de Lituania. Su aspecto actual viene de mediados del siglo XIX, cuando se reconstruyó, pero la historia del palacio se remonta al siglo XIV. Su aspecto es neoclásico. Nosotros no lo visitamos por dentro, aunque por lo que comenta la gente, es bastante austero, pero sí destacan los jardines traseros del palacio. En la próxima visita a Vilnius, a ver si puedo entrar. A un paso del palacio, encontramos la Universidad de Vilnius, un conjunto arquitectónico de diferentes estilos que ocupa una gran manzana en el centro de la ciudad, y que contiene 13 patios. La biblioteca de la universidad alberga más de 5 millones de publicaciones. El edificio más destacado del conjunto de la universidad es la Iglesia de San Juan, ubicada en uno de los patios. La iglesia originariamente era de estilo gótico, y fue construida con anterioridad a la universidad, pero su remodelación fue posterior a la construcción del complejo universitario, y en la época barroca, que le da la imagen actual. Se puede subir al campanario de la iglesia, que resulta ser el edificio más alto del centro histórico, y desde donde se disfruta de unas excelentes vistas de la ciudad. Es sorprendente la cantidad de iglesias que hay en la ciudad, y en el centro puedes encontrar una en cada esquina prácticamente. 

Universidad de Vilnius
Dejando atrás la Universidad y San Juan, y atravesando la calle Piles y caminando por la calle Mikolos, nos dirigimos a la que es sin duda la iglesia más bonita de Vilnius, la iglesia de Santa Ana. Es totalmente diferente al resto de iglesias de Vilnius, y eso que hay unas cuantas. Es un edificio gótico, de color rojizo, que se lo otorga los diferentes tipos de ladrillos con los que está construida. Aunque el edificio es gótico, su interior está decorado en estilo barroco. Merece mucho la pena entrar y disfrutarla. Justo detrás de la iglesia de Santa Ana, está la iglesia de San Francisco. Aunque el edificio es bastante más grande, no hace sombra a la iglesia de Santa Ana. Desde allí nos dirigimos hacia el Puente de Uzupis, y de camino nos encontramos una catedral ortodoxa. 

Iglesia de Santa Ana
Llegamos al puente de Uzupis, que une el barrio con el mismo nombre con el centro histórico de la ciudad. El puente cruza el río Vilnia. Lo que más llama la atención desde este puente es la figura de una sirena de bronce en uno de los muros que protege el río, una estatua que parece estar a punto de tirarse al agua. La sirena además nos da la bienvenida al barrio de Uzupis. Uzupis es más que un barrio, es una república independiente, y así está declarada, con su constitución y sus propias normas. Se trata de un barrio bohemio, donde se instalan los artistas. Existe un gran número de galerías de arte, cafés y tiendecitas con encanto. Lo mejor que se puede hacer en este barrio es pasear, observar y pararte a tomar algo tranquilamente. La siguiente parada está de nuevo al otro lado del río Vilnia, y subiendo por la calle Biksto, llegamos al Bastión, una de las pocas partes de la muralla defensiva de la ciudad que queda en pie. Construido en el siglo XVII por un ingeniero alemán, con estilo renacentista. Queda en pie un torre adyacente al muro, troneras subterráneas, y un largo túnel de conexión de 48 metros. En mi opinión, el mayor encanto del Bastión es poder disfrutar del atardecer desde él, sentado sobre el césped o sobre el muro, y disfrutando de las vistas de la ciudad.
Sirena de bronce en el puente de Uzupis
Bastión de Vilnius
Continuamos nuestra ruta en dirección a la calle Ausros Vartu a través de la calle Subaciaus. En la calle Ausros Vartu encontraremos varios sitios donde hacer una visita y que son parada obligatoria. A mano derecha encontraréis la Puerta Basiliana, una puerta barroca que da acceso al antiguo Monasterio de San Basilio, bastante deteriorado en el momento que lo visitamos, espero que lo hayan adecentado un poco en este tiempo. Más o menos a la misma altura de la Puerta Basiliana, pero al otro lado de la calle, nos encontramos con la Iglesia ortodoxa del Espíritu Santo, la iglesia ortodoxa más importante de Lituania. Su interior está decorado en estilo barroco, con muchos detalles en oro, plata, mármol verde, … Continuando por la calle Ausros Vartu, enseguida encontramos la iglesia de Santa Teresa, del siglo XVII, también de estilo barroco, de un tono rosáceo. Su interior está decorado con esculturas y fresco, y un altar de estilo rococó. Volvemos de nuevo a la calle Ausros Vartu, y frente a nosotros vemos enseguida la Puerta de la Aurora. Se trata de una antigua puerta ubicada en el muro de defensa de la ciudad, que se ha convertido en uno de sus símbolos, y si no me equivoco es la única que queda en pie. Aunque actualmente hace más servicio al culto religioso. Sobre la puerta hay una pequeña capilla donde hay colocada una imagen de la Virgen María, muy venerada en este país tan religioso.

Iglesia de Santa Teresa con la Puerta de la Aurora al fondo
Virgen en la Puerta de la Aurora
Éste es el recorrido aproximado que hicimos, con los edificios y puntos más importantes que visitamos. Pero el encanto de esta ciudad no sólo reside en sus monumentos, sino que es una ciudad que invita a pasear y perderse por sus callejuelas, disfrutar de su vida cultural, que es muy animada y variada, y visitar tiendas y puestecitos de ámbar. Por ese motivo creo que son necesarios al menos un par de días para disfrutar de la ciudad. Aunque si te sobra tiempo, se puede hacer una excursión a Trakai, a sólo 28 kilómetros de Vilnius, pero eso ya os lo comentaré en otro post.

Ejemplo de la comida en Vilnius
Disfrutando de la vida nocturna de Vilnius

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...