martes, 30 de enero de 2018

Día 15: Una mañana en Chester

Chester - Glo Ribas - Reino Unido 2017

Sábado, 12 de agosto 2017

Llegan los últimos coletazos del viaje. En este penúltimo día de aventura iremos a conocer una de las ciudades más bonitas de Inglaterra, Chester, y luego volveremos a Liverpool para ver alguna de sus atracciones turísticas que se nos quedaron en el tintero el día anterior, como por ejemplo la Catedral Anglicana más grande del mundo.

¿Os apuntáis a conocerlo con nosotros?

Desayunamos en la habitación con las cuatro cosas que compramos el día de antes en el supermercado y además compramos también para hacernos bocadillos para comer ese día, ya que íbamos a pasar la mañana en Chester

La estación de tren la teníamos a dos minutos del hotel. El billete, ida y vuelta, vale 7,35 Libras y se puede comprar en las máquinas expendedoras. De Liverpool a Chester se tarda 1:30h y la estación de Chester está a 10 minutos andando del centro histórico.
Antes de empezar el paseo paramos a tomarnos algo en una cafetería monísima, como la gran mayoría de las que hay en Reino Unido e Irlanda, a ver si de esta manera nos despertábamos un poco. Tras la dosis de teína empezamos a descubrir esta maravilla de ciudad.

La primera impresión de la ciudad no podía ser mejor. Sin duda acabábamos de entrar en un cuento de los hermanos Grimm, ya que nos encontramos rodeados de casas blancas con travesaños negros en sus fachadas y tejados a dos aguas, no podíamos dejar de mirar a todos lados ya que nos pareció algo único.

Una de las calles principales que te llevan al centro histórico
Como que contamos con muy poca información nos dirigimos hacia la oficina de información turística que se encuentra en la planta baja del ayuntamiento. Allí encontraréis de todo, desde artículos de regalo hasta planos y folletos de la ciudad. Nosotros al necesitar tan sólo un par de mapas no nos entretuvimos demasiado.

Ayuntamiento
A continuación nos dirigimos hacia la catedral, que se encuentra justo frente al ayuntamiento. Esta catedral, en su origen, fue una abadía benedictina y se construyó sobre la que era la iglesia de la ciudad que estaba dedicada a su santo patrón, San Werbourgh. 
La catedral es una pasada, un lugar muy grande y amplio en el que podemos ver a lo largo de las naves, claustro (que data del siglo XII) y salas contiguas diferentes exposiciones de arte. No os podéis perder la cafetería ya que la sala donde se alberga se parece, ni más ni menos, al famoso comedor de Hogwarts, ¡es digna de ver!

Nave central
Transcepto
Coro de la catedral
Claustro
Cafetería
Al salir de la catedral volvimos hacia la calle principal. Allí seguíamos admirando con la boca abierta las casas blancas ya que más que una ciudad real parecía que estábamos en un escenario de película o en un parque temático. Al llegar al final de la calle en la confluencia de Northgate Street y Eastgate Street encontramos Central Cross, allí se juntan predicadores hablando cada uno de su tema y muchas de las personas que andaban por la calle se arremolinaban a su alrededor para saber que decían.

La Central Cross y los predicadores
Seguimos paseando por Bridge Street donde se encuentran los famosos Rows. Estas galerías a doble altura, con un estilo arquitectónico victoriano mezclado con tudor y con arcadas se encuentran a lo largo de 4 calles y con un punto de unión que es la Central Cross. Su origen no está claro pero se cree que cuando se fueron desmoronando poco a poco las murallas romanas de la ciudad, los comerciantes medievales establecieron sus comercios de esta manera.

Panorámica de Bridge Street
Exterior de las galerías
Interior de las galerías
Continuamos paseando por Bridge Street y giramos por Pepper Street donde al final de la calle se encuentran los jardines romanos y el anfiteatro. 
En los jardines romanos se pueden ver diferentes restos romano como columnas y mosáicos. Vimos un poco de ellos pero el rato que estuvimos nos dimos cuenta que es un remanso de paz en comparación del resto del centro histórico repleto de turistas.

Jardines romanos
El anfiteatro, como decíamos, se encuentra justo a la lado de los jardines. No son muchos los restos que se conservan de él, aún se sigue excavando, pero podemos ver parte de la arena y de las gradas que calculan que deberían caber 7.000 personas sentadas.

Anfiteatro
Seguimos paseando hasta encontrar un precioso puente de hierro y bordeamos el río. Justo es en esta zona se puede subir y andar por las murallas de la ciudad. Es una muy buena opción porque se puede ver gran parte de la ciudad desde ellas y lugares singulares de la localidad como el río, el castillo o el hipódromo.

Puente de hierro
Paseo junto al río
Castillo de Chester
Hipódromo
Terminado el recorrido volvimos a pasear por las calles del centro y entramos a alguna que otra tienda. Llegado el mediodía decidimos ir a buscar el tren dirección Liverpool porque aún nos quedaban cosas que ver allí.
Los bocadillos que nos hicimos por la mañana nos los comimos en el tren mientras esperábamos que arrancara.

Al llegar a Liverpool pasamos por el hotel para dejar las cosas que ya no utilizaríamos esa tarde y mirar que nos quedaba por ver y planear la visita. Tras la pausa nos pusimos en marcha y decidimos que nuestra primera parada sería la Catedral de Liverpool. Antes de llegar a la catedral pasamos por el barrio de Chinatown. Nos quedamos boquiabiertos al ver la gran puerta china que da acceso a este barrio.

Chinatown
Después de unos metros encontramos la catedral anglicana. Leímos que era la catedral anglicana más grande del mundo y pensamos que debería ser la típica exageración que se escriben en las guías de viajes pero cuando nos plantamos frente a ella... ¡ALUCINAMOS! ¡Era mastodóntica! Nos sentimos como hormigas a su lado, nunca había visto un edificio de tal calibre. La iglesia fue construida por Sir Giles Gilbert Scott y cuenta con la 3a campana más grande del mundo y su órgano cuenta con 9.765 tubos, convirtiéndose en el órgano más grande en funcionamiento.

Catedral anglicana
Ese punto rosa soy yo... para que podáis comparar la altura
La catedral estaba cerrada porque ya era tarde y además estaban haciendo un acto benéfico. Deducimos que la gente donaba dinero por la causa y eso les permitía bajar por la fachada colgados de un cable. Algo muy surrealista.

Uno de los participantes bajando por la fachada de la catedral
Frente a la catedral hay un caminito que conduce a un cementerio. Éste, si no fuera por las lápidas, se podría confundir perfectamente con un parque. Sobretodo fijaros en los laterales del camino de acceso al cementerio porque... ¡todo son lápidas!

Camino de acceso al cementerio
Cementerio
Nuestra siguiente parada era la Catedral Metropolitana pero de camino nos encontramos con una escultura muy chula, un montón de maletas y baúles de bronce desparramados por el suelo. También de camino nos encontramos con el edificio de la Filarmónica de Liverpool.

Conjunto de la escultura
Detalle del grupo de maletas amontonadas
Nuevo edificio de la Filarmónica
Antiguo edificio de la Filarmónica ahora convertido en un pub.
Finalmente llegamos a la Catedral Metropolitana. Todo lo que flipamos, en positivo, en la Catedral Anglicana aquí lo hicimos en negativo con este edificio. Como lo diría... bonita... no lo es. ¿Original? Sin duda. El edificio tan grande y con esa forma tan peculiar nos recordó entre un embudo y una nave espacial, aunque los locales le llaman Tipi ya que les recuerda a una de esas tiendas indias. Fue diseñada por Sir Frederick Gibberd con los planos originales de Sir Edwin Lutyens. El edificio fue terminado en 1967. Tal y como nos pasó con la anterior catedral, estaba cerrada.

Catedral Metropolitana
Detalle del campanario
Detalle de la puerta principal
Detrás de la Catedral Metropolitana se encuentra el edificio antiguo de la Universidad de Liverpool. Pudimos entrar en el jardín interior y observar los antiguos edificios de ladrillo rojo.

Fachada del edificio
Jardín interior

Llegados a este punto y en vistas que iba cayendo el sol, volvimos hacia el centro. Antes de pasar por el hotel para cambiarnos para ir a cenar, fuimos a un TESCO a comprar té ya que me quería llevar para casa. Recordad que en los supermercados podréis encontrar un montón de productos típicos que en otro tipo de establecimiento, como los que son destinados para turistas, os pueden costar mucho más y con mucha menos calidad.

Tras las compras fuimos a cambiarnos y a cenar. Esta vez nos decantamos por un Izakaya, donde cenamos comida japonesa, que se encontraba en Castle Street. Una vez cenamos fuimos a tomarnos la última cerveza del viaje. El pub que elegimos estaba justo enfrente del hotel. Fue el mejor cierre para esta aventura veraniega.


Despidiendo la noche y el viaje
Esta noche nos fuimos a dormir más tarde, ya que el día siguiente decidimos que nos lo tomaríamos de relax. Aprovecharíamos al máximo la hora de check-out y dormir un poco más de lo que habíamos hecho los días anteriores. 

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